martes, 6 de diciembre de 2011

Testamento

Compañera, recibe de mis manos los rebaños de pobres, que llegan desnudos, hambrientos. Vienen de todos los puntos del planeta huyendo de las tempestades de fuego que los execraron. Te los doy para que anclen en nuestra inercia o la rompan.

Mujer, te doy el manojo de sombras que me acompañan. Sombras creadas por los vivos antes de morir. Pero ellas no morirán. Al contrario, podrían matar.

Para recibirlos te doy la alegría o la tristeza del que nada tiene que esperar ni nada pide. Te doy la canción del inmigrante. El suspiro del niño que mira en vano. Te doy la nostalgia del que remontó recuerdos de épocas remotas y ya no sabe a dónde pertenece.

Te doy la indolencia mujer, de quien no encontró nada en su primera comunión ni en la cruz que me enseñaron. Te doy el desconsuelo de un hombre vulnerable, que lleva en sí dolores ancestrales. Los pobres duelen en el costado herido.

Toma a esas manadas de pobres y dales ojos nuevos. Necesitan manos, arados y zapatos también. Necesitan una humanidad que perdí.

Te encomiendo mujer que repiques las campanas de las conciencias antes de que se desaten las descargas de cólera e impotencia de los pobres. Su fuerza indómita, potenciada con pólvora de sus infiernos. Es una cólera santa a punto de abrir sus narices de fuego contra las mansiones y los autos blindados.

Ten cuidado mujer, todo puede estallar y yo ya no estaré. Yo ya fui devorado por las fauces y los engranajes de una vida extraviada.

A.F.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Soy una funcionaria

Soy una funcionaria. Tengo 36. Y no me ha llegado la menopausia. No soy una guerra de hormonas. Me siento mal y no sé por qué. Ni sé cuándo comenzó esta inquietud. Este desasosiego. Y no es físico. Sin embargo estoy como al borde de un abismo figurado. Si lo salto podría hallar un amanecer. Si me quedo de este lado, debo acostumbrarme a la compañía de monstruos imaginarios y payasos pálidos de paja seca.

Necesito ir más lejos para vencer miedos e incertidumbres pero me atan las rutinas, las seguridades mediocres. Soy una funcionaria. Y a veces las funcionarias somos tristes porque los sueños se nos apagan temprano y nuestra vida se hace más estrecha a cada paso. Si nos descuidamos nos ponemos grises como los escritorios y los archivos. Nuestra vida es predecible como los procedimientos y las normas

Lo cierto es que mi mano anda divorciada de mi espíritu. No se reconocen. La primera está 8 horas al día sobre las teclas del débito al crédito y viceversa. La segunda quiere vivir entre el verde y la brisa y dejarse llevar por un mar de espumas y alegrías claras. Mi alma no baila con los números del día a día y mi mano no los suelta. Quizás estoy perdida entre el viento y el olvido y espero indecisa ser abierta por una palabra de fuego. Pero sólo soy una funcionaria en el mapa cuadriculado de mis días y quizás la magia no sea para mí.

Y mientras me envuelve esta atmósfera del no vivir, la vida camina y arde. Sopla la llama viva. El amor rompe los límites. La tierra nace y renace. Gira en silencio mostrando a cada momento un nuevo rostro. Me tiende un arcoíris para la fuga, pero soy una funcionaria de 15 y último, que sólo sé vivir a ras de la tierra, escuchando los murmullos de sombras oscuras que reptan hacia mí. No conozco el camino hacia el sol. Mi cuerpo es ciego y torpe como un tronco sin brazos.

Soy una funcionaria cansada de un día cualquiera. ¿Por qué no me siento orgullosa de haber cumplido con mi deber?

A.F.

PD: A mi amiga M.B.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Ternura

Como un abnegado escultor
Como oficioso escultor salgo a buscar palabras como piedras en su orden esencial
La busco para darle un talle exacto
Justo
Preciso
Para que ella nazca a punta de cincel luminosa y alta
Palabra que salva
Que enamora
Que mata
Palabra viva que pueda reconocerse en los espejos
Palabra alucinada o loca que se enamora de los ojos de una mujer
Palabra que seduce y posee con dulce y húmeda persistencia
Palabra que no tiembla para empuñar la muerte
Palabra que arrulla a los niños y calma las angustias ancianas
Tomo la palabra para asir la vida
Para detener la muerte
Para darle forma a unos versos con pies y manos propios
Tomo la ternura
Palabra pequeña sonrisa de este día
Remanso que curas viejas heridas al nombrarlas
Palabra que me dispensas silencios
Que batalla contra mis resabios más amargos
Palabra que late y parpadea desde su piedra eterna
Palabra que echa a volar esperanzas sueños pájaros de otros mundos
Palabra
Respiración que abres la puerta a los festejos del alma
Tormenta que limpias las ciudades de los hombres
Universo en libertad
Fecundadora que das pan y apagas la sed
Revolución existencial
Temblor de dos bocas
Último regazo
Soldado invencible que embistes y transformas
Palabra que te doy sangre y carne
Ardoroso amor te doy
Eternidad en construcción te doy
Alimento para el amor te doy mientras te tallo con martillos de fuego
Palabra
Ve al camino y predica la memoria del hombre sólo por el lado de su ternura

A.F.