miércoles, 29 de febrero de 2012

La casa de él

Alguien llama insistente, entra con natural seguridad y se aposenta en lo que llamaríamos su rincón favorito. Desanda desde allí los largos corredores, las habitaciones olorosas a incienso y estoraque, la pequeña cocina, los patios y solares de malabar y luna. No hace preguntas ni las espera, la colocación de cada objeto y su relación con los demás es suficiente pista para él. Si se decidiera detective no haría sino narrar el camino de los caminos con sus huellas espectrales. Es tan simple como hablar con el pensamiento. Y es que le molesta el choque de las palabras en los días; esa ancianidad hueca que apenas recuerda las primeras lluvias armoniosas. Elude cualquier intención y la familia lo recibe como si nunca hubiese salido de allí. Sólo de las cosas pareciera brotar cierta alegría. Alegría que se quema en las ventanas de esa casa de la memoria.

A. F.

lunes, 27 de febrero de 2012

Cierta Penélope

Mientras se vaciaba de amaneceres tardíos y carreras contra el tiempo, habíase vestido de aguas. Las aguas de un lago dormido arropaban su cabello trenzado de caminos de aire y fuego. En su regazo florecía la aguja del tiempo que juega a lo invisible.
No había comenzado su tardanza y los pasajeros de su memoria languidecían en las estaciones de humedad de piel amarronadas de sed. Trenzas de colores anudaban sus recuerdos carteados a través de la estrellas.
Desmenuzó el segundo y desgarró con sus dientes de arena las incertidumbres. Inmensurablemente se extendía la distancia de papel y flores con que adornar su cabeza. Sólo unas pocas hubieran bastado para trepar en su distancia…

A.F.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Máscaras en llamas

Todos los caminos del día para encontrar el fruto, la fuente hundida en el primer sueño del planeta, o la música que te daría la memoria ancestral y la inocencia invulnerable del futuro.
Todos los día gastados en apuestas peligrosas para evadir el destino mientras te pruebas, frente al espejo impasible, la orfebrería mágica que aparece y desaparece, porque el viento avanza a tu alrededor y tu rostro se borra tras la máscara, rasgo a rasgo, hacia las más remotas regiones de la sombra. Te brotarán en los puños yemas de árbol y en tu sexo crecerá un vello verde de lianas. Serás una selva y una casa de pájaros o nacerán torres mudas sobre tus pechos. ¿Sueñas una catedral bajo las aguas mientras los otros danzan, armados con sus rostros? Ya no podrás ser lo que fuiste. Las llamas ciegan las máscaras que giran en el lugar donde debería estar tu rostro.

A.F.