viernes, 10 de febrero de 2012

Devaneos

El polvo de las cosas y la pesadumbre de sentarse a contemplar tras los cristales la cabalgata sorda de las nubes. Vislumbrar cómo se desciñen los hilos de las vidas y se herrumbran los ojos del miedo tras puertas cerradas. Saber de voces tan delgadas como la lluvia que no saben qué decir. Imaginar cuerpos abandonados en las playas, sepultados por el limpio viento del mar. Abrumados y oscuros, a solas, con la carcoma purificadora de la sal. Percibir el desfile absurdo de santos antiguos con su cuchillo sacro, su cruz y su elevada cabeza rezadora. Ser el cuchillo, no la cruz.

A. F.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Reconócete lobo

No te ofende la claridad de los días nublados. Si bajas la cabeza te hablará el arduo crepitar de los suelos y el leño demasiado nuevo. Esta es la casa y la hoguera y el panal. No los busques más lejos. Tu cabeza lo contiene todo: la copa y el surtidor. Todo lo apresta quien mira, el que ensalza lugares y lagares consumidos por otros, sin agotarlos nunca.
Grabada quedó aquí la memoria de tu estirpe difusa. Te han legado la grava y el cincel y las calles ventosas en las últimas cuevas del Sur, cuyos techos son el cielo sin límite. Caminas entre los zarzales de la niebla, en el frío, en el calor. Eres tu lobo cazador. Capaz de rescatar lo que no se ve. El horizonte otea y jadea ¿O eres tú? Lobo pulcro y azul, como si la fiereza supiese ser pura…
Pero la lucha se privilegia frente al amor, se enaltece a sí misma con su hierro en tensión y su inflexible grito de guerra. Aquel rayo que lanza lo indomable tiene amor pero quiere muerte. El lobo y tú nacieron en la lid, cuya más íntima quietud es combativa, cuyo más ávido temblor es tan sereno.

A. F.

lunes, 30 de enero de 2012

Palabra

Conozco la mañana por su canto trémulo. Me trae lo que aún no soy, atravesada por improperios y promesas. Se anuncia mirando a los hombres como cadáveres insepultos. Se especializa en adornar los sentidos y barre los pueblos con su guirnalda múltiple y su gloria desteñida.

El hijo de Dios no ha nacido de nuevo. No vendrá. Veo el pequeño camino del campo por donde pasan los carros de palabras cual pobres y alegres libélulas en desbandada. Van a fundirse contra el sol. Dios es torpe. Toda mi palabra es una torpeza, experta en entrelazar visiones indecibles. Palabras como frutos prematuros llegan a mis labios. Pero mis manos queman versos amarillos de tiempo. Arden viejas puertas de templos. Y desde la piedra surgen nuevas catedrales para encarcelar a las conciencias. A la palabra conciencia. Conozco la mañana pero voy hacia la noche.

A.F.