miércoles, 22 de febrero de 2012

Máscaras en llamas

Todos los caminos del día para encontrar el fruto, la fuente hundida en el primer sueño del planeta, o la música que te daría la memoria ancestral y la inocencia invulnerable del futuro.
Todos los día gastados en apuestas peligrosas para evadir el destino mientras te pruebas, frente al espejo impasible, la orfebrería mágica que aparece y desaparece, porque el viento avanza a tu alrededor y tu rostro se borra tras la máscara, rasgo a rasgo, hacia las más remotas regiones de la sombra. Te brotarán en los puños yemas de árbol y en tu sexo crecerá un vello verde de lianas. Serás una selva y una casa de pájaros o nacerán torres mudas sobre tus pechos. ¿Sueñas una catedral bajo las aguas mientras los otros danzan, armados con sus rostros? Ya no podrás ser lo que fuiste. Las llamas ciegan las máscaras que giran en el lugar donde debería estar tu rostro.

A.F.

viernes, 10 de febrero de 2012

Devaneos

El polvo de las cosas y la pesadumbre de sentarse a contemplar tras los cristales la cabalgata sorda de las nubes. Vislumbrar cómo se desciñen los hilos de las vidas y se herrumbran los ojos del miedo tras puertas cerradas. Saber de voces tan delgadas como la lluvia que no saben qué decir. Imaginar cuerpos abandonados en las playas, sepultados por el limpio viento del mar. Abrumados y oscuros, a solas, con la carcoma purificadora de la sal. Percibir el desfile absurdo de santos antiguos con su cuchillo sacro, su cruz y su elevada cabeza rezadora. Ser el cuchillo, no la cruz.

A. F.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Reconócete lobo

No te ofende la claridad de los días nublados. Si bajas la cabeza te hablará el arduo crepitar de los suelos y el leño demasiado nuevo. Esta es la casa y la hoguera y el panal. No los busques más lejos. Tu cabeza lo contiene todo: la copa y el surtidor. Todo lo apresta quien mira, el que ensalza lugares y lagares consumidos por otros, sin agotarlos nunca.
Grabada quedó aquí la memoria de tu estirpe difusa. Te han legado la grava y el cincel y las calles ventosas en las últimas cuevas del Sur, cuyos techos son el cielo sin límite. Caminas entre los zarzales de la niebla, en el frío, en el calor. Eres tu lobo cazador. Capaz de rescatar lo que no se ve. El horizonte otea y jadea ¿O eres tú? Lobo pulcro y azul, como si la fiereza supiese ser pura…
Pero la lucha se privilegia frente al amor, se enaltece a sí misma con su hierro en tensión y su inflexible grito de guerra. Aquel rayo que lanza lo indomable tiene amor pero quiere muerte. El lobo y tú nacieron en la lid, cuya más íntima quietud es combativa, cuyo más ávido temblor es tan sereno.

A. F.