Tus labios hablan con nostalgia inexplicable. Lo hemos perdido. Aún antes de tenerlo o de vivirlo. Te mezclas en la multitud. Te vuelves virtual como el pasado. Ilusoria en mi memoria que se desmigaja.
Ya no fluimos del mismo manantial. Ni somos piedra sobre piedra. Ya no sé cantarle a tus torres de viento. No reconozco los pájaros de tu pecho. Y tú no le hablas a los helechos colgantes del patio. No te entiendes con la guacamaya azul. Ni yo me levanto con el gallo. Te respiro, es verdad, pero de lejos. Como olas ausentes.
Es tarde amor. La memoria camina alocada por los corredores. Salta en las sombras. Ahonda en lugares que fueron sólo nuestros. Esta casa ya no es nuestra casa. Es un dibujo oscuro. Pronto no quedará ni el ruido de los pasos secos de los dos. El amor sigue su camino una vez más. No asienta los pies. Se desvanece. Escucha el silencio de los relojes, amor. Todo ha terminado. ¿Fuimos ayer o nunca fuimos?
Es tarde amor. Nuestra herida se derrama cargada de estambres y pistillos. Se va con olor a semen y restos de besos. Huele a umbría.
Gruñe el olvido. Se relame. Se estira. Arma garras. Se arrastra. Es el fin. Sucio. Silbante. Infértil. Un ave oscura y deslumbrada nos sobrevuela. Se mira en la cara de un cielo rugiente que se derrumba.
Es tarde amor. Me agobian otras urgencias. Insistencias de cuerpo. Blanduras. Turgencias. Movimiento de muslos. De cintura. De vientre. De un vientre estremecido e insomne de luna. Se excitan los penachos de la aurora. Estoy vivo de nuevo.
A.F.
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