Me alcanzaste en las viejas murallas de piedras carcomidas
Y esos cuerpos se amaron severos e impúdicos
Como ajenos a nosotros
A ritmo despiadado y a besos lentos
Se dieron en espléndida, rápida entrega
Sabían que no hay tiempo ni para morir
Se saciaron uno en el otro sólo para estar vivos
Tú estabas tranquila y áspera, animal y tácita
A veces cauta y delicada en tu blandura
A veces con la carga de tu larga tristeza
A mí me corrían incendios desde las manos a los labios
Después deshilachamos crudas palabras
Dejamos fluir íntimos secretos
Y te fuiste deshojándote en la bruma
Ya no exhalabas aromas de carne reprimida
No tenías nombre
Existías como un eco del silencio
Eras tal vez sólo una pregunta al viento
A.F.
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