Nos vi sin asumir ninguna causa. Sin conciencia. Sin consecuencias. Sin caras. Sin sentimientos. Todos anónimos. Manadas humanas como en la 5ta. Avenida de Nueva york. Sin nombre. Sin sentido. Sin humanidad. Todo en nombre de la apariencia, de figurar. De quedar bien sin compromisos, total.... ¿Quién sabe cómo me llamo? ¿Qué es de mi vida? ¿Estará loca esa doña que grita? ¡Qué importa! Importa aparentar, fingir, todos somos dioses, perfectos, felices, todos tenemos respuestas para los demás. Todos sabemos todo. Todos tenemos razón. Nadie se equivoca y el que se equivoca, merece el fuego del infierno... nos vi payasos. Manchas inútiles extraviadas en el cosmos. Entonces leí a Nietzsche y así me “habló Zarathustra”:
"¡Amigo mío, cobíjate en tu soledad! Te veo ensordecido por el estruendo de grandes hombres, y afligido por los aguijones de los pequeños.
¡No levantes el brazo contra ellos! Son innumerables y tu destino no es ser espantamoscas. Simulando una máxima inocencia, esas moscas quieren chuparte la sangre: sus almas exangües codician sangre.
Mas tú, profundo, sufres con profundidad e intensamente, aún cuando tus heridas no sean sino rasguños; y antes de haberte curado, ya se arrastraba por tu mano la misma larva venenosa.
Se presentan también, no pocas veces, entre grandes amabilidades. Tal ha sido siempre la astucia de los cobardes. Aun cuando eres suave con ellos, se sienten menospreciados por ti; y te pagan tus bondades con fechorías encubiertas. Tu silencioso orgullo les irrita, y se alegran cuando eres alguna vez lo bastante modesto como para mostrarte vanidoso.
Amigo mío, huye a tu soledad, allí donde sopla un viento áspero y recio. Tu destino no es el de espantamoscas."
A.F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario