sábado, 22 de octubre de 2011

Aquellas mariposas

Dos mundos más allá más la luz se arrodilla ante tus ojos mientras muerdes la tela de una vieja muñeca. Aparta la cortina que nos separa. Asómate. No es el cielo que cae a pedazos. Son tus ojos. Se desploma la delgada marea de tus párpados…
Mis dedos conocen los recovecos de tu espejo. Soy la sombra que se desliza mientras te alisas el cabello. No tengas miedo. Yo también aprendí a leer a Emily Dickinson en voz baja y a no cerrar los ojos de la noche.
En algún lugar existe una esquina, una puerta que espera el golpe de tu puño. Ven y dile adiós al frío, a tus mejillas color de tarde adolorida.
Ven, deja de morder tu muñeca de niña. Te enseñaré de nuevo a cazar mariposas y haré que nazcan alas de tus labios olvidados.

A.F.

No hay comentarios:

Publicar un comentario