lunes, 19 de septiembre de 2011

Desterrado

Desterrado
Te ladran los perros.
Te evaden los transeúntes para no caminar sobre tu herida.
Ni la cruz que llevas en tu espalda te pertenece.
Inhalas inquieto el horizonte del miedo.
Conoces palabras que aún no han sido pronunciadas.
Y hablas de historias que no han sucedido. Y no eres un mesías.
Te desvaneces sin lugar ni tiempo.
Piensas que todo murió y quieres ver la muerte de la muerte.
Pero es tu cadáver íngrimo el que ya existe en el futuro.
Has extraviado tu rostro. La puerta de tu casa. Tu tierra natal.
Eres un extranjero. Un emigrante en la vastedad de miedos y gritos de otros mundos. Una ignominia.
Un día recogiste pedazo a pedazo tu niñez y te la echaste a la espalda.
Apagaste tu lenguaje en lágrimas y saliste al camino retorcido de relinchos.
Aterido buscaste un sueño para vestir tus flaquezas.
Pero sobre ti sólo se derramó el aliento marmóreo de la noche.
Caminaste con un ojo dormido y el otro brillante dejando atrás un quejido largo.
Has designado a Dios como tu enemigo y aún esperas Su furia y Su último Juicio.
¿Quién te absolverá de tu tragedia?
Repartes desesperación por todas partes y corres tras la premonición y el amargo efluvio del final en tierra ignara.
Hay un precio para las guerras y otro para las derrotas. Tú ya lo pagaste.
Has llegado al límite. Esta es la noche de tus confesiones.
No hay espacio para tu regreso. Todos los caminos son engañosos y tú siempre fuiste una equivocación.
Todos rezan contra ti. Cada voz reza contra ti.
El viento ulula un rezo contra ti.
Todas las horas de los días rezan contra ti.
Los niños rezan contra ti. La cópula de los animales reza contra ti.
Las flores y los pájaros y las putas rezan contra ti. ¿Quién podrá salvarte?

A.F.

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