viernes, 9 de septiembre de 2011

Mundo mediocre

Refresco mi mente con algunos de los postulados de Nietzsche, siempre irreverente y a contracorriente. Y lo hago porque siento que los tiempos que corren son demasiado farragosos, demasiado cargados de “paja” intelectual, de ideas caducas y de mediocridad general. Ya decía Borges a mediados del siglo pasado, en relación a lo mucho que se habla y se escribe sin decir nada, que rechazaba a esos grandes libracos de 500 u 800 páginas que le exigían una gran dedicación de tiempo a los lectores, para enterarse de algo que en lenguaje oral podría contarse ágilmente en pocos minutos. “Un libro no debe requerir esfuerzo, la felicidad no debe requerir esfuerzo”, dijo el argentino en una conferencia refiriéndose a Montaigne, quien, por su parte, sostenía “No hago nada sin alegría”. Pues debemos felicitar a Montaigne porque, qué difícil es hoy hacerlo todo con alegría cuando tenemos la conciencia de que este mundo está lleno de injusticias, escasa ética y muchas contradicciones.

Pero es en este punto donde quiero introducir a Nietzsche. El filósofo de Zaratustra, afirmaba que los valores ascéticos deben volver a dar paso a los valores vitales. Y apunta su crítica hacia nuestra cultura occidental marcada por el platonismo y el cristianismo, que subordina al hombre y le impide construirse su destino a partir de sus propios valores y no de valores metafísicos, que le son impuestos a pesar de que poco o nada tienen que ver con la realidad humana. Nietzsche sentencia que el hombre debe ser el centro, no en términos egoístas, sino de una auténtica y completa realización.

Su visión del mundo estriba no sólo en el definitivo rompimiento con el pasado, sino en la fuerte necesidad de transformar al hombre. Para Nietzsche el Sistema Social se ha llevado al extremo y en su lucha por sobrevivir ha absorbido al hombre. O peor aún, el hombre se ha entregado al Sistema. Quizás por eso, cada día que pasa, sólo se observa más resentimiento, más subordinación, más culpa, más carencia de pasión frente al reto de construir un mundo mejor. El sistema, la cultura social en que nos ha tocado crecer nos determina, nos define y finalmente nos atrapa para engrosar sus filas de personas chatas y mecánicas. De individuos sin búsqueda y perfil propios.

Y en paralelo a esto y reafirmando los oscuros momentos que vive la humanidad, tal parece que los individuos nobles son cada vez menos en relación con los espíritus mediocres, corrompidos y débiles. Y estos últimos, como son mayoría, ocupan el poder y dirigen el destino de nuestras sociedades. ¿Hacia dónde? Ustedes dirán…

A.F.

No hay comentarios:

Publicar un comentario