domingo, 11 de septiembre de 2011

Un final

Abrió la puerta, la miró y se dobló sobre ella hasta besarla en su inquietante quietud.
(La mujer lo miraba inexpresiva)
Había una neblina humedecida que imitaba la vida vagamente. Se apretó el nudo de la corbata, el corazón, sorbió un café amargo y turbio, explicó sus proyectos para hoy, sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás.
(Ella lo contemplaba impávida)
Volvió a hablar. Recordó la lucha de tantos días y el amor pasado. La vida es misteriosa e inesperada, dijo.
(Más frágiles que nunca las palabras)
Finalmente calló con el silencio de ella, se acercó hasta su boca y lloró simplemente sobre aquellos labios ya eternamente sin respuesta.
A.F.

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