lunes, 26 de marzo de 2012
Visiones
domingo, 25 de marzo de 2012
Mordiendo el viento
miércoles, 29 de febrero de 2012
La casa de él
lunes, 27 de febrero de 2012
Cierta Penélope
No había comenzado su tardanza y los pasajeros de su memoria languidecían en las estaciones de humedad de piel amarronadas de sed. Trenzas de colores anudaban sus recuerdos carteados a través de la estrellas.
Desmenuzó el segundo y desgarró con sus dientes de arena las incertidumbres. Inmensurablemente se extendía la distancia de papel y flores con que adornar su cabeza. Sólo unas pocas hubieran bastado para trepar en su distancia…
miércoles, 22 de febrero de 2012
Máscaras en llamas
Todos los día gastados en apuestas peligrosas para evadir el destino mientras te pruebas, frente al espejo impasible, la orfebrería mágica que aparece y desaparece, porque el viento avanza a tu alrededor y tu rostro se borra tras la máscara, rasgo a rasgo, hacia las más remotas regiones de la sombra. Te brotarán en los puños yemas de árbol y en tu sexo crecerá un vello verde de lianas. Serás una selva y una casa de pájaros o nacerán torres mudas sobre tus pechos. ¿Sueñas una catedral bajo las aguas mientras los otros danzan, armados con sus rostros? Ya no podrás ser lo que fuiste. Las llamas ciegan las máscaras que giran en el lugar donde debería estar tu rostro.
viernes, 10 de febrero de 2012
Devaneos
miércoles, 8 de febrero de 2012
Reconócete lobo
Grabada quedó aquí la memoria de tu estirpe difusa. Te han legado la grava y el cincel y las calles ventosas en las últimas cuevas del Sur, cuyos techos son el cielo sin límite. Caminas entre los zarzales de la niebla, en el frío, en el calor. Eres tu lobo cazador. Capaz de rescatar lo que no se ve. El horizonte otea y jadea ¿O eres tú? Lobo pulcro y azul, como si la fiereza supiese ser pura…
Pero la lucha se privilegia frente al amor, se enaltece a sí misma con su hierro en tensión y su inflexible grito de guerra. Aquel rayo que lanza lo indomable tiene amor pero quiere muerte. El lobo y tú nacieron en la lid, cuya más íntima quietud es combativa, cuyo más ávido temblor es tan sereno.
lunes, 30 de enero de 2012
Palabra
El hijo de Dios no ha nacido de nuevo. No vendrá. Veo el pequeño camino del campo por donde pasan los carros de palabras cual pobres y alegres libélulas en desbandada. Van a fundirse contra el sol. Dios es torpe. Toda mi palabra es una torpeza, experta en entrelazar visiones indecibles. Palabras como frutos prematuros llegan a mis labios. Pero mis manos queman versos amarillos de tiempo. Arden viejas puertas de templos. Y desde la piedra surgen nuevas catedrales para encarcelar a las conciencias. A la palabra conciencia. Conozco la mañana pero voy hacia la noche.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Trascender o morir anónimo
A veces me pregunto, ¿cómo hicieron esos personajes que trascendieron en la historia a lo largo de los siglos, por haber logrado hazañas o creaciones extraordinarias, antes incluso de haber cumplido los 30 años? Fueron tiempos en que no existían los avances tecnológicos de hoy, en que se viajaba a caballo o en barcos muy lentos. Y aún así, esos hombres especiales grabaron su historia personal en la historia universal. Hay muchos, pero sólo voy a recordar algunos que me vienen a la mente:
Alejandro Magno, antes de pasar al otro mundo, ya había sometido a Grecia y ostentaba el título de generalísimo de los helenos. Alejandro fue grande tanto por sí mismo como por su imperio (el más grande conocido). Llegó a Persia, Asia, Tracia, Siria y Palestina. Siguió hasta Tiro, la capital de Fenicia. Luego iría hasta Egipto, Siria y los límites de la India. Su influencia aseguró la penetración de la cultura helénica en Asia y África. Su sueño gigantesco había sido el del Imperio Universal. Su imaginación ya había forjado este sueño, teniendo en Alejandría la capital de capitales. Este carajito que empezó a batallar a los 16 años, terminó muriendo de una simple fiebre de malaria a los 33. Pero que importa, ya era un inmortal.
Jesucristo, todos conocemos su obra y su trascendencia. Lideró la revolución espiritual del amor y después de casi 2 mil años, siguen intactas su imagen y sus ideas.
Mozart, Compositor austriaco del periodo clásico. Uno de los más influyentes en la historia de la música occidental. Nació en 1756 en Salzburgo, y lo bautizaron con el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgang Amadeus Mozart. A los seis años, era ya intérprete avanzado de instrumentos de tecla y eficaz violinista, a la vez que hacía gala de una extraordinaria capacidad para la improvisación y la lectura de partituras. Todavía hoy se interpretan cinco pequeñas piezas para piano que compuso a esa edad. En 1762 compuso sonatas. En 1769 fue nombrado Konzertmeister del arzobispado de Salzburgo, y en La Scala de Milán el Papa le hizo caballero de la Orden de la Espuela Dorada. Tenía sólo 13 años. Al año siguiente le encargaron escribir su primera gran ópera, Mitrídates, rey del Ponto, compuesta en Milán. Con esta obra su reputación como músico se afianzó aún más, Fue un niño genio. Antes de cumplir los 21 ya había creado buena parte de su obra musical.
Simón Bolívar, a los 22 años estaba tan claro en su proyecto de vida que juró en el Monte Sacro dedicar toda su vida a luchar por la libertad. Y eso hizo.
Antonio José de Sucre, antes de cumplir los 30 años, ya era el Gran Mariscal de Ayacucho. Fue el primer presidente de Bolivia y Jefe de todos los ejércitos del sur.
Miguel Hernández, poeta español que murió a los 32 años durante la guerra civil española. Antes de los 30 ya había escrito casi toda su obra poética (buena parte de ella en la cárcel).
Federico García Lorca, a los 20 años publicó su primer libro, Impresiones y Paisajes. Fue el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX. Como dramaturgo, se le considera una de las cimas del Teatro Español del siglo XX, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo. Murió ejecutado tras el levantamiento militar de la Guerra Civil Española, por su afinidad al Frente Popular y por ser abiertamente homosexual.][]
Orson Welles, Cineasta norteamericano, a los 24 años escribió, dirigió y protagonizó una obra maestra del cine: Citizen Kane.
César Vallejo, a los 27 años ya había publicado “Los Heraldos Negros”, una de sus obras más trascendentes.
Arthur Rimbaud, a los 19 años publicó su libro más importante “Una Temporada en el Infierno”.
Y tantísimos otros. Cuando uno se compara con esos personajes, se siente infinitamente pequeño…. ¿Qué le pasa a nuestras generaciones? Tratamos de vivir largas vidas pero oscuras. Largas vidas que serán olvidadas al día siguiente de nuestro entierro.
Por el contrario, los hombres que nombré lograron trascendencia eterna, porque asumieron sus sueños bien temprano y lucharon por ellos sin importar más nada…. Ellos no han muerto en realidad. Y tienen otra ventaja, como murieron jóvenes, con una obra ya realizada, serán recordados siempre con la imagen lozana de la juventud y no con el rostro “amomiado” de los que daremos 3 pasos bajo tierra después de 8 ó 9 décadas de vida rutinaria.
A.F.
martes, 6 de diciembre de 2011
Testamento
Mujer, te doy el manojo de sombras que me acompañan. Sombras creadas por los vivos antes de morir. Pero ellas no morirán. Al contrario, podrían matar.
Para recibirlos te doy la alegría o la tristeza del que nada tiene que esperar ni nada pide. Te doy la canción del inmigrante. El suspiro del niño que mira en vano. Te doy la nostalgia del que remontó recuerdos de épocas remotas y ya no sabe a dónde pertenece.
Te doy la indolencia mujer, de quien no encontró nada en su primera comunión ni en la cruz que me enseñaron. Te doy el desconsuelo de un hombre vulnerable, que lleva en sí dolores ancestrales. Los pobres duelen en el costado herido.
Toma a esas manadas de pobres y dales ojos nuevos. Necesitan manos, arados y zapatos también. Necesitan una humanidad que perdí.
Te encomiendo mujer que repiques las campanas de las conciencias antes de que se desaten las descargas de cólera e impotencia de los pobres. Su fuerza indómita, potenciada con pólvora de sus infiernos. Es una cólera santa a punto de abrir sus narices de fuego contra las mansiones y los autos blindados.
Ten cuidado mujer, todo puede estallar y yo ya no estaré. Yo ya fui devorado por las fauces y los engranajes de una vida extraviada.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Soy una funcionaria
Necesito ir más lejos para vencer miedos e incertidumbres pero me atan las rutinas, las seguridades mediocres. Soy una funcionaria. Y a veces las funcionarias somos tristes porque los sueños se nos apagan temprano y nuestra vida se hace más estrecha a cada paso. Si nos descuidamos nos ponemos grises como los escritorios y los archivos. Nuestra vida es predecible como los procedimientos y las normas
Lo cierto es que mi mano anda divorciada de mi espíritu. No se reconocen. La primera está 8 horas al día sobre las teclas del débito al crédito y viceversa. La segunda quiere vivir entre el verde y la brisa y dejarse llevar por un mar de espumas y alegrías claras. Mi alma no baila con los números del día a día y mi mano no los suelta. Quizás estoy perdida entre el viento y el olvido y espero indecisa ser abierta por una palabra de fuego. Pero sólo soy una funcionaria en el mapa cuadriculado de mis días y quizás la magia no sea para mí.
Y mientras me envuelve esta atmósfera del no vivir, la vida camina y arde. Sopla la llama viva. El amor rompe los límites. La tierra nace y renace. Gira en silencio mostrando a cada momento un nuevo rostro. Me tiende un arcoíris para la fuga, pero soy una funcionaria de 15 y último, que sólo sé vivir a ras de la tierra, escuchando los murmullos de sombras oscuras que reptan hacia mí. No conozco el camino hacia el sol. Mi cuerpo es ciego y torpe como un tronco sin brazos.
Soy una funcionaria cansada de un día cualquiera. ¿Por qué no me siento orgullosa de haber cumplido con mi deber?
lunes, 21 de noviembre de 2011
Ternura
Como oficioso escultor salgo a buscar palabras como piedras en su orden esencial
La busco para darle un talle exacto
Justo
Preciso
Para que ella nazca a punta de cincel luminosa y alta
Palabra que salva
Que enamora
Que mata
Palabra viva que pueda reconocerse en los espejos
Palabra alucinada o loca que se enamora de los ojos de una mujer
Palabra que seduce y posee con dulce y húmeda persistencia
Palabra que no tiembla para empuñar la muerte
Palabra que arrulla a los niños y calma las angustias ancianas
Tomo la palabra para asir la vida
Para detener la muerte
Para darle forma a unos versos con pies y manos propios
Tomo la ternura
Palabra pequeña sonrisa de este día
Remanso que curas viejas heridas al nombrarlas
Palabra que me dispensas silencios
Que batalla contra mis resabios más amargos
Palabra que late y parpadea desde su piedra eterna
Palabra que echa a volar esperanzas sueños pájaros de otros mundos
Palabra
Respiración que abres la puerta a los festejos del alma
Tormenta que limpias las ciudades de los hombres
Universo en libertad
Fecundadora que das pan y apagas la sed
Revolución existencial
Temblor de dos bocas
Último regazo
Soldado invencible que embistes y transformas
Palabra que te doy sangre y carne
Ardoroso amor te doy
Eternidad en construcción te doy
Alimento para el amor te doy mientras te tallo con martillos de fuego
Palabra
Ve al camino y predica la memoria del hombre sólo por el lado de su ternura
sábado, 22 de octubre de 2011
Aquellas mariposas
Mis dedos conocen los recovecos de tu espejo. Soy la sombra que se desliza mientras te alisas el cabello. No tengas miedo. Yo también aprendí a leer a Emily Dickinson en voz baja y a no cerrar los ojos de la noche.
En algún lugar existe una esquina, una puerta que espera el golpe de tu puño. Ven y dile adiós al frío, a tus mejillas color de tarde adolorida.
Ven, deja de morder tu muñeca de niña. Te enseñaré de nuevo a cazar mariposas y haré que nazcan alas de tus labios olvidados.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Seis cuerdas para un siglo
domingo, 9 de octubre de 2011
Se busca cuaima de buena presencia
Busco a una cuaima que me acompañe a mil kilómetros por hora en el vasto territorio de la imaginación. Que no se detenga a la puerta de lo desconocido. Que se adapte a mi forma animal. Que busque siempre la verdad y que le tema al discurso de las catedrales y de los políticos. Que escape presurosa de las frases hechas y de las doctrinas.
La prefiero salvaje, conocedora del secreto del vino y de los recovecos de la noche. Que tenga mucho kilometraje por esos mundos del pecado.
Tiene que ser inevitablemente morena y tener un corazón construido de locura y alegría.
Tiene que saber hablar con el mar y entenderse con las tempestades de mi piel.
Esta cuaima que pinto no es triste, pero sabe llorar como un río cuando se traiciona a la nobleza o se le rompen los sueños a los niños.
Esta cuaima tan especial, se arrima a las gentes sencillas, escoge las cosas más simples de la vida, y su risa liviana y transparente vuela con los pájaros. No soporta la soberbia de los poderosos ni la hipocresía de quienes se dan golpes de pecho.
Esta cuaima, esta mujer, es un ser extraño y escaso. Un ejemplar en extinción quizás, pero vale la pena buscarla para entregarle por un rato mis insomnios. Si llega a mi puerta, colocaré en mi mesa una botella de vino francés o italiano, le cantaré alguna canción de Serrat y dispararé fuegos artificiales. Puede que entonces ocurra una guerra animal.
Después la contemplaré desnuda hasta el amanecer, borracho de su belleza. Entonces, un rayo de sol la vestirá y el camino será de nuevo suyo. Porque una cuaima así, una hembra, una mujer de este calibre, no es para domesticarla en casa.
viernes, 7 de octubre de 2011
Por un instante, la vida
Hoy es un día hermoso. Hoy ríe desde mi boca el universo. Y pienso incluso que los Unicornios existen. Y por tanto existe la utopía. Y hay sueños como panes para llevar al horno. Si todos los días fuesen así, decidiría vivir un poco más. Coquetearía con las horas como si fuesen hembras en celo. Danzaría un ritual de cuchillos a punta de cintura. Esta imagen resume la vida. Mi vida. Ese celaje del acero que roza mis arterias y sigue hacia el vacío excita mi espíritu y me hace relámpago vital.
Del nacimiento a la muerte hay dos eternidades. A las dos las ahuyento con este sol mío que hoy llevo por antorcha. Hoy soy un insurgente del latido. Un soldado de la imaginación. Podría saltar de un rascacielos sin herirme. Enfrentar fusiles humeantes con la sorna del que se sabe Dios. Hacer el amor con Afrodita. Pastorear en vuelo una manada de elefantes. Acelerar mi moto en la vía láctea. Arrancarle los clavos a Cristo para quemar la cruz y su fardo milenario de sufrimientos. Quiero romper con mi sílex el alba para liberar cascadas de amaneceres y que corra libre la vida como las aguas.
Hoy guardo el látigo de la lengua y envaino la espada con la que suelo herir la página en blanco. Hoy, por un instante quizás, tuve la visión sincrónica del universo. Percibí su maquinaria exacta en su infinitud. Entendí fugazmente la armonía de la que soy parte. Y cada átomo mío, lo vi repetido en el cosmos, engranado a la vida. Me sentí una pieza infalible de la totalidad. Y todo este milagro fue posible sólo porque detuve el pensamiento un instante, y dejé que el niño que me habita, inmaculado aún, mirara por los míos con sus ojos sublimes.
lunes, 3 de octubre de 2011
Por esa pena, mamá
Inflamado con su ímpetu, yo la acompañé feliz, como si ese traje nuevo me fuera a abrir una ventana insospechada sobre un paisaje imaginario donde todo era posible. Sí mamá, a pesar de la pobreza, ese ajuar de caballerito, me empujará a ser un abogado respetable, un gran político o el sueño mayor: un gran músico. Un músico mundial mamá. Sí mamá, encarnaré tu sueño sólo para que no sientas esa tristeza secular. No soporto sentir esa tristeza que tú sientes.
El traje que íbamos a comprar tenía que ser bueno, barato y holgado para que no me quedara chico demasiado pronto. Además, poco vistoso, para que la gente no se diera cuenta de que era el único.
Ya con la bolsa de la compra en la mano, salimos de la tienducha de nuestro barrio para ir a casa. Entonces mi madre me dio un tirón de la mano y me señaló con un gesto a un personaje que avanzaba entre el gentío alegre de esa mañana. Era un hombre alto, delgado, de mirada airosa encubierta, que yo interpreté como un elegante desdén. Vestía de gris oscuro, largos zapatos de gamuza y corbata rojo sangre. Colocados como al descuido sobre su frente relucían unos anteojos Ray Ban de moda.
Pasó junto a nosotros, casi rozándome, aquel aparecido citadino. Y al mirarlo sentí que dentro de mí se abría un enorme agujero por el que mi cuerpo quería escapar para incorporarse al cuerpo de esa visión. Ser parte suya aunque no fuera más que su sombra, o descuartizarlo en pedacitos para apropiarme de su porte, color, seguridad para mirarlo todo sin miedo, no sólo porque lo tenía todo sino porque era el todo. Yo en cambio no era nadie, o eso al menos era lo que había aprendido de la tenaz tristeza que gravitaba sobre mi casa.
Lo vimos entrar al banco y con un suspiro de mi madre seguimos caminando, porque no podíamos quedarnos allí, lelos, que era lo que nos apetecía. Después supimos que se trataba del hijo de un empresario y hacendado, que acababa de regresar de Europa. Mamá suspiró de nuevo al saberlo. Si sólo lo conociéramos, él podría colocarme en pocos años en alguno de sus engranajes de negocios y yo tendría el futuro que no tuvieron ellos. Pero no sólo por eso suspiró mamá. Suspiró también por la nostalgia incurable de su mirada dolorida que comenzaba a dolerme incurablemente a mí. Mi madre suspiró por el temor de lo inasible, de una idea fantástica, abstracta. Por la pena y sufrimiento que causa lo inalcanzable. Por la humillación que produce saberse incapaz de alcanzarlo. Por esa pena suspiró mi madre esa mañana. Por esa pena y el torbellino de penas que se tramaban en su destino para los próximos 50 años.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Palabras para la vida
Palabras que permitan construir una escalera de leños agrietados para subir al cielo y ¡eh Dios! ¿Estás allí? Palabras pregoneras que señalen con el dedo a todos los alados, Ícaros, Mariposas, Águilas, Ángeles, ellos que no tendrán nunca que inclinar la cabeza ¿cuánto por enseñarnos?
Decir reverdecer, resurrección, alegría, espacio, vuelo, libertad. Alargar las piernas sobre el abismo para rozar el amor sin mirar abajo, evadiendo las trampas del suelo… Darse la vuelta desde la muerte hacia el amanecer surgente. Respirar, soñar, vivir… atenazado el poema.
Enterrar las palabras inservibles, sombra, olvido, muerte, en el tragaluz de la noche. Olvidar el significado del tiempo. Dejarse fluir. Correr detrás de los caballos, las mujeres y los niños. Salvarlos. Construirles un espejismo con ventanas y faroles en un trozo de noche.
Mis manos van entendiendo que las palabras son el cimiento de todas las cosas. Sus combinaciones la vida. Su desmoronamiento la muerte. Ellas tienen sus normas propias y su música y su ritmo. Sólo hay que dejarlas salir, acunarlas como a niñas y cantarles. Y ellas te devuelven la vida sin pedir nada a cambio.
Hay que parir palabras como tierra, semilla, raíz. Como lluvia, sol y rocío para restañar los dolores y las ausencias. Dejar que corran hacia ti con su faz luminosa y te ciñan mientras cierras los ojos y te dejas llevar por esa estampida de palabras vivas, palpitantes, buenas…
Coloca junto a tu almohada, la palabra infinito, la palabra metáfora, la palabra insaciable, la palabra susurro. Deja que se metan en tus sueños como águilas o gaviotas. Que vuelen hacia el mar con alas fulgurantes, es la vida que pasa. Es la vida que viene.
Despliega la palabra ladrillo y construye primaveras y amaneceres. Construye risas y caricias, que resistan el fuego, la noche, las tormentas. Haz más ladrillos para la calidez y el hogar. Construye y construye más ladrillos hasta que tus manos sean arcilla. Hasta que te consuma el último rayo de sol. Y aún después, construye…
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Pirata
Un barco extraño de una sola vela y sin timón.
Sobre ese barco que viene de los tiempos y no busca rutas voy de capitán y marinero. Íngrimo entre olas y amaneceres aferrado a una brújula dañada sobre el sur.
No hay otro hombre a bordo de mi barco cargado de viejos romances y de historias de abordajes.
Todo lo dejé atrás. Todo. Para habitar aquí en una marea de horizontes y enfrentar monstruos o demonios que no hablan ni hieren, pero me acosan desde sus miradas extraviadas más allá de la sin razón.
A veces toman forma de tigres o leones con grilletes al cuello. Reman como esclavos contra un mar que devora los remos, y trata de abarcarnos entre sus saladas mandíbulas de Dios embrutecido.
Otras, son aves agoreras negras como la noche que trazan su danza de la muerte sobre este capitán que ya no manda.
Yo los reto a atacar porque mi desprecio reina sobre el mar y la vida.
Pero escapan al escuchar mi aullido en el viento contra los mástiles y ver mis brazos en cruz contra la brisa como una vela humana.
Y transido así, sobre la proa intacta, dibujo abstractos mapas para un retorno dulce hacia el puerto de los imposibles.
Este barco extraviado a la deriva es mi tierra, mi patria y mi bandera.
Tiene sobre cubierta las huellas de amores pasados y en sus cañones oxidados hay acordes de guitarras, brindis con vino a cielo abierto y camaradas de torso desnudo, que sólo hablan de muerte y no de vida.
Este es el sueño en el que quise entrar rompiendo mi voluntad. Aquí navegan todos mis amores perdidos.
Y nunca despierto de este sueño y nunca duermo.
Pero por grande que sea esta desesperación ninguna ausencia es más honda que la tuya. Tú, mi puerto, mi brújula, mi luz y mi agonía.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Palabras desencadenadas
No llamen a mi puerta, entonces. No interrumpan mis silencios, que tengo levantado el canto hacia adentro. Tengo cerrados para el mundo de hoy cuerpo y espíritu. Pero lleno mi casa para ella, de estrellas, de flores y de pájaros, antes de partir sin sueños de eternidad.
Quiero vivir este día por sus cuatro costados. Vivir hoy antes de arrancar la hoja del almanaque. No importa que el día lleve el nombre de un santo. Es mi día y todo comienza hoy. Incluso el inicio de los siglos de los siglos. Hoy no voy a mirar atrás hacia lo que no existe. Ni hacia mañana que es sólo una promesa en la niebla.
Importa comer hoy, beber una copa de vino. Tomarse de la mano. Regalar unas flores. Amar hoy y decir la palabra que había silenciado. Después, tratar de llegar a mañana. Y si mañana llegase la muerte, no importa porque habría vivido con el sol pleno de hoy.
Disfruto hoy hasta las piedras. Cabalgo sobre potros de fuego contra el viento que intenta sofocarlos. Renazco en plenitud con la mañana luminosa. Tengo la secreta palpitación de la belleza de este instante. Las olas nacen y mueren en el mismo minuto. Y no me hablen de esperanza. Sólo es una palabra ramera como tantas. A su lado siempre hay una guadaña afilada.
Algún día o mañana, mi rostro, como las fuentes, huirá bajo la tierra o caminará sobre la noche como el humo de los altares. Mañana olvidaré mi hora, mi misterio. Me vencerá la muerte, pero hoy, estas manos pueden herir algunos versos y esta piel puede mezclarse con la de ella, sin promesas de futuro.
Y cuando no sea nada, siempre tendré el secreto del vértigo: una centella en la tormenta, rayando el instante o un eco sordo que se pierde en la nada. Es útil saber que vivir es sólo curvarse hacia la muerte.
Y tú, si sabes escuchar el silencio, quédate conmigo mujer desnuda, y espera que llegue la oscuridad a mis ojos. Y no intentes descifrarlos. Sería en vano. Mientras, déjate llevar por mi fuego y mi derroche nítido de estas horas que preceden al nuevo día; y ayúdame a escribir un poema claro, sombrío, sabio, ingenuo. Y no me llames extravagante.