lunes, 26 de marzo de 2012

Visiones

Un río manó debajo de su casa. La sala se le llenó de grillos y ranitas plataneras. Su padre enfureció de ira. Su madre descansaba en paz en un daguerrotipo yuxtapuesto en la pared de la sala. Los muebles se fusionaron con las aguas turbias y tristes del río. Las copas de cristal emprendieron un viaje desde la vitrina por las corrientes riadas. Ella se hizo colibrí y yo paraulata. Nos internamos en el bosque de su hogar. Leímos los clásicos. Ella interpretó algunas piezas en la antigua pianola. Nos dimos tiempo para el té. Los niños hicieron canoas con sus libros de texto y navegan felices entre los cuartos y la cocina. Mañana voy a fundar un puerto en el lavandero. Sus camisones serán mis velas y su vientre la carcasa. Yo será el capitán que habita su barca en medio de la noche y la nostalgia.

A.F.

domingo, 25 de marzo de 2012

Mordiendo el viento

No estoy aquí para cantar la muerte. Vine porque la vida pasó un día del brazo de mi madre y dijo: “Te esperamos mañana al pie de la mañana, cuidado te hagas noche”. Por eso vine. Cierto que ningún zapato calza en mis pies de número sin número pero me calzo los caminos y camino. No sé hace cuántos hombres nací. Ocurrió debajo de las suelas. Pero desde antes de nacer ya caminaba, descalzo y solo y perseguido por un millón de pies en la tiniebla. Por eso mis quejas están formadas de carajos. De mi voz macheteada. De mi memoria que nunca halló una puerta. Pero de nadie tomé nada. Ni cuna ni bastones. Ni una parcela de aire o de vendimia. Ni agua. Y tanto polvo sembrado en mi garganta. Ahora de qué me sirve hincar la mordedura en este viento. Soy una boca más traída al hambre.

A. F.

miércoles, 29 de febrero de 2012

La casa de él

Alguien llama insistente, entra con natural seguridad y se aposenta en lo que llamaríamos su rincón favorito. Desanda desde allí los largos corredores, las habitaciones olorosas a incienso y estoraque, la pequeña cocina, los patios y solares de malabar y luna. No hace preguntas ni las espera, la colocación de cada objeto y su relación con los demás es suficiente pista para él. Si se decidiera detective no haría sino narrar el camino de los caminos con sus huellas espectrales. Es tan simple como hablar con el pensamiento. Y es que le molesta el choque de las palabras en los días; esa ancianidad hueca que apenas recuerda las primeras lluvias armoniosas. Elude cualquier intención y la familia lo recibe como si nunca hubiese salido de allí. Sólo de las cosas pareciera brotar cierta alegría. Alegría que se quema en las ventanas de esa casa de la memoria.

A. F.

lunes, 27 de febrero de 2012

Cierta Penélope

Mientras se vaciaba de amaneceres tardíos y carreras contra el tiempo, habíase vestido de aguas. Las aguas de un lago dormido arropaban su cabello trenzado de caminos de aire y fuego. En su regazo florecía la aguja del tiempo que juega a lo invisible.
No había comenzado su tardanza y los pasajeros de su memoria languidecían en las estaciones de humedad de piel amarronadas de sed. Trenzas de colores anudaban sus recuerdos carteados a través de la estrellas.
Desmenuzó el segundo y desgarró con sus dientes de arena las incertidumbres. Inmensurablemente se extendía la distancia de papel y flores con que adornar su cabeza. Sólo unas pocas hubieran bastado para trepar en su distancia…

A.F.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Máscaras en llamas

Todos los caminos del día para encontrar el fruto, la fuente hundida en el primer sueño del planeta, o la música que te daría la memoria ancestral y la inocencia invulnerable del futuro.
Todos los día gastados en apuestas peligrosas para evadir el destino mientras te pruebas, frente al espejo impasible, la orfebrería mágica que aparece y desaparece, porque el viento avanza a tu alrededor y tu rostro se borra tras la máscara, rasgo a rasgo, hacia las más remotas regiones de la sombra. Te brotarán en los puños yemas de árbol y en tu sexo crecerá un vello verde de lianas. Serás una selva y una casa de pájaros o nacerán torres mudas sobre tus pechos. ¿Sueñas una catedral bajo las aguas mientras los otros danzan, armados con sus rostros? Ya no podrás ser lo que fuiste. Las llamas ciegan las máscaras que giran en el lugar donde debería estar tu rostro.

A.F.

viernes, 10 de febrero de 2012

Devaneos

El polvo de las cosas y la pesadumbre de sentarse a contemplar tras los cristales la cabalgata sorda de las nubes. Vislumbrar cómo se desciñen los hilos de las vidas y se herrumbran los ojos del miedo tras puertas cerradas. Saber de voces tan delgadas como la lluvia que no saben qué decir. Imaginar cuerpos abandonados en las playas, sepultados por el limpio viento del mar. Abrumados y oscuros, a solas, con la carcoma purificadora de la sal. Percibir el desfile absurdo de santos antiguos con su cuchillo sacro, su cruz y su elevada cabeza rezadora. Ser el cuchillo, no la cruz.

A. F.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Reconócete lobo

No te ofende la claridad de los días nublados. Si bajas la cabeza te hablará el arduo crepitar de los suelos y el leño demasiado nuevo. Esta es la casa y la hoguera y el panal. No los busques más lejos. Tu cabeza lo contiene todo: la copa y el surtidor. Todo lo apresta quien mira, el que ensalza lugares y lagares consumidos por otros, sin agotarlos nunca.
Grabada quedó aquí la memoria de tu estirpe difusa. Te han legado la grava y el cincel y las calles ventosas en las últimas cuevas del Sur, cuyos techos son el cielo sin límite. Caminas entre los zarzales de la niebla, en el frío, en el calor. Eres tu lobo cazador. Capaz de rescatar lo que no se ve. El horizonte otea y jadea ¿O eres tú? Lobo pulcro y azul, como si la fiereza supiese ser pura…
Pero la lucha se privilegia frente al amor, se enaltece a sí misma con su hierro en tensión y su inflexible grito de guerra. Aquel rayo que lanza lo indomable tiene amor pero quiere muerte. El lobo y tú nacieron en la lid, cuya más íntima quietud es combativa, cuyo más ávido temblor es tan sereno.

A. F.

lunes, 30 de enero de 2012

Palabra

Conozco la mañana por su canto trémulo. Me trae lo que aún no soy, atravesada por improperios y promesas. Se anuncia mirando a los hombres como cadáveres insepultos. Se especializa en adornar los sentidos y barre los pueblos con su guirnalda múltiple y su gloria desteñida.

El hijo de Dios no ha nacido de nuevo. No vendrá. Veo el pequeño camino del campo por donde pasan los carros de palabras cual pobres y alegres libélulas en desbandada. Van a fundirse contra el sol. Dios es torpe. Toda mi palabra es una torpeza, experta en entrelazar visiones indecibles. Palabras como frutos prematuros llegan a mis labios. Pero mis manos queman versos amarillos de tiempo. Arden viejas puertas de templos. Y desde la piedra surgen nuevas catedrales para encarcelar a las conciencias. A la palabra conciencia. Conozco la mañana pero voy hacia la noche.

A.F.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Trascender o morir anónimo

A veces me pregunto, ¿cómo hicieron esos personajes que trascendieron en la historia a lo largo de los siglos, por haber logrado hazañas o creaciones extraordinarias, antes incluso de haber cumplido los 30 años? Fueron tiempos en que no existían los avances tecnológicos de hoy, en que se viajaba a caballo o en barcos muy lentos. Y aún así, esos hombres especiales grabaron su historia personal en la historia universal. Hay muchos, pero sólo voy a recordar algunos que me vienen a la mente:

Alejandro Magno, antes de pasar al otro mundo, ya había sometido a Grecia y ostentaba el título de generalísimo de los helenos. Alejandro fue grande tanto por sí mismo como por su imperio (el más grande conocido). Llegó a Persia, Asia, Tracia, Siria y Palestina. Siguió hasta Tiro, la capital de Fenicia. Luego iría hasta Egipto, Siria y los límites de la India. Su influencia aseguró la penetración de la cultura helénica en Asia y África. Su sueño gigantesco había sido el del Imperio Universal. Su imaginación ya había forjado este sueño, teniendo en Alejandría la capital de capitales. Este carajito que empezó a batallar a los 16 años, terminó muriendo de una simple fiebre de malaria a los 33. Pero que importa, ya era un inmortal.

Jesucristo, todos conocemos su obra y su trascendencia. Lideró la revolución espiritual del amor y después de casi 2 mil años, siguen intactas su imagen y sus ideas.

Mozart, Compositor austriaco del periodo clásico. Uno de los más influyentes en la historia de la música occidental. Nació en 1756 en Salzburgo, y lo bautizaron con el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgang Amadeus Mozart. A los seis años, era ya intérprete avanzado de instrumentos de tecla y eficaz violinista, a la vez que hacía gala de una extraordinaria capacidad para la improvisación y la lectura de partituras. Todavía hoy se interpretan cinco pequeñas piezas para piano que compuso a esa edad. En 1762 compuso sonatas. En 1769 fue nombrado Konzertmeister del arzobispado de Salzburgo, y en La Scala de Milán el Papa le hizo caballero de la Orden de la Espuela Dorada. Tenía sólo 13 años. Al año siguiente le encargaron escribir su primera gran ópera, Mitrídates, rey del Ponto, compuesta en Milán. Con esta obra su reputación como músico se afianzó aún más, Fue un niño genio. Antes de cumplir los 21 ya había creado buena parte de su obra musical.

Simón Bolívar, a los 22 años estaba tan claro en su proyecto de vida que juró en el Monte Sacro dedicar toda su vida a luchar por la libertad. Y eso hizo.

Antonio José de Sucre, antes de cumplir los 30 años, ya era el Gran Mariscal de Ayacucho. Fue el primer presidente de Bolivia y Jefe de todos los ejércitos del sur.

Miguel Hernández, poeta español que murió a los 32 años durante la guerra civil española. Antes de los 30 ya había escrito casi toda su obra poética (buena parte de ella en la cárcel).

Federico García Lorca, a los 20 años publicó su primer libro, Impresiones y Paisajes. Fue el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX. Como dramaturgo, se le considera una de las cimas del Teatro Español del siglo XX, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo. Murió ejecutado tras el levantamiento militar de la Guerra Civil Española, por su afinidad al Frente Popular y por ser abiertamente homosexual.][]

Orson Welles, Cineasta norteamericano, a los 24 años escribió, dirigió y protagonizó una obra maestra del cine: Citizen Kane.

César Vallejo, a los 27 años ya había publicado “Los Heraldos Negros”, una de sus obras más trascendentes.

Arthur Rimbaud, a los 19 años publicó su libro más importante “Una Temporada en el Infierno”.

Y tantísimos otros. Cuando uno se compara con esos personajes, se siente infinitamente pequeño…. ¿Qué le pasa a nuestras generaciones? Tratamos de vivir largas vidas pero oscuras. Largas vidas que serán olvidadas al día siguiente de nuestro entierro.

Por el contrario, los hombres que nombré lograron trascendencia eterna, porque asumieron sus sueños bien temprano y lucharon por ellos sin importar más nada…. Ellos no han muerto en realidad. Y tienen otra ventaja, como murieron jóvenes, con una obra ya realizada, serán recordados siempre con la imagen lozana de la juventud y no con el rostro “amomiado” de los que daremos 3 pasos bajo tierra después de 8 ó 9 décadas de vida rutinaria.

A.F.

martes, 6 de diciembre de 2011

Testamento

Compañera, recibe de mis manos los rebaños de pobres, que llegan desnudos, hambrientos. Vienen de todos los puntos del planeta huyendo de las tempestades de fuego que los execraron. Te los doy para que anclen en nuestra inercia o la rompan.

Mujer, te doy el manojo de sombras que me acompañan. Sombras creadas por los vivos antes de morir. Pero ellas no morirán. Al contrario, podrían matar.

Para recibirlos te doy la alegría o la tristeza del que nada tiene que esperar ni nada pide. Te doy la canción del inmigrante. El suspiro del niño que mira en vano. Te doy la nostalgia del que remontó recuerdos de épocas remotas y ya no sabe a dónde pertenece.

Te doy la indolencia mujer, de quien no encontró nada en su primera comunión ni en la cruz que me enseñaron. Te doy el desconsuelo de un hombre vulnerable, que lleva en sí dolores ancestrales. Los pobres duelen en el costado herido.

Toma a esas manadas de pobres y dales ojos nuevos. Necesitan manos, arados y zapatos también. Necesitan una humanidad que perdí.

Te encomiendo mujer que repiques las campanas de las conciencias antes de que se desaten las descargas de cólera e impotencia de los pobres. Su fuerza indómita, potenciada con pólvora de sus infiernos. Es una cólera santa a punto de abrir sus narices de fuego contra las mansiones y los autos blindados.

Ten cuidado mujer, todo puede estallar y yo ya no estaré. Yo ya fui devorado por las fauces y los engranajes de una vida extraviada.

A.F.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Soy una funcionaria

Soy una funcionaria. Tengo 36. Y no me ha llegado la menopausia. No soy una guerra de hormonas. Me siento mal y no sé por qué. Ni sé cuándo comenzó esta inquietud. Este desasosiego. Y no es físico. Sin embargo estoy como al borde de un abismo figurado. Si lo salto podría hallar un amanecer. Si me quedo de este lado, debo acostumbrarme a la compañía de monstruos imaginarios y payasos pálidos de paja seca.

Necesito ir más lejos para vencer miedos e incertidumbres pero me atan las rutinas, las seguridades mediocres. Soy una funcionaria. Y a veces las funcionarias somos tristes porque los sueños se nos apagan temprano y nuestra vida se hace más estrecha a cada paso. Si nos descuidamos nos ponemos grises como los escritorios y los archivos. Nuestra vida es predecible como los procedimientos y las normas

Lo cierto es que mi mano anda divorciada de mi espíritu. No se reconocen. La primera está 8 horas al día sobre las teclas del débito al crédito y viceversa. La segunda quiere vivir entre el verde y la brisa y dejarse llevar por un mar de espumas y alegrías claras. Mi alma no baila con los números del día a día y mi mano no los suelta. Quizás estoy perdida entre el viento y el olvido y espero indecisa ser abierta por una palabra de fuego. Pero sólo soy una funcionaria en el mapa cuadriculado de mis días y quizás la magia no sea para mí.

Y mientras me envuelve esta atmósfera del no vivir, la vida camina y arde. Sopla la llama viva. El amor rompe los límites. La tierra nace y renace. Gira en silencio mostrando a cada momento un nuevo rostro. Me tiende un arcoíris para la fuga, pero soy una funcionaria de 15 y último, que sólo sé vivir a ras de la tierra, escuchando los murmullos de sombras oscuras que reptan hacia mí. No conozco el camino hacia el sol. Mi cuerpo es ciego y torpe como un tronco sin brazos.

Soy una funcionaria cansada de un día cualquiera. ¿Por qué no me siento orgullosa de haber cumplido con mi deber?

A.F.

PD: A mi amiga M.B.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Ternura

Como un abnegado escultor
Como oficioso escultor salgo a buscar palabras como piedras en su orden esencial
La busco para darle un talle exacto
Justo
Preciso
Para que ella nazca a punta de cincel luminosa y alta
Palabra que salva
Que enamora
Que mata
Palabra viva que pueda reconocerse en los espejos
Palabra alucinada o loca que se enamora de los ojos de una mujer
Palabra que seduce y posee con dulce y húmeda persistencia
Palabra que no tiembla para empuñar la muerte
Palabra que arrulla a los niños y calma las angustias ancianas
Tomo la palabra para asir la vida
Para detener la muerte
Para darle forma a unos versos con pies y manos propios
Tomo la ternura
Palabra pequeña sonrisa de este día
Remanso que curas viejas heridas al nombrarlas
Palabra que me dispensas silencios
Que batalla contra mis resabios más amargos
Palabra que late y parpadea desde su piedra eterna
Palabra que echa a volar esperanzas sueños pájaros de otros mundos
Palabra
Respiración que abres la puerta a los festejos del alma
Tormenta que limpias las ciudades de los hombres
Universo en libertad
Fecundadora que das pan y apagas la sed
Revolución existencial
Temblor de dos bocas
Último regazo
Soldado invencible que embistes y transformas
Palabra que te doy sangre y carne
Ardoroso amor te doy
Eternidad en construcción te doy
Alimento para el amor te doy mientras te tallo con martillos de fuego
Palabra
Ve al camino y predica la memoria del hombre sólo por el lado de su ternura

A.F.

sábado, 22 de octubre de 2011

Aquellas mariposas

Dos mundos más allá más la luz se arrodilla ante tus ojos mientras muerdes la tela de una vieja muñeca. Aparta la cortina que nos separa. Asómate. No es el cielo que cae a pedazos. Son tus ojos. Se desploma la delgada marea de tus párpados…
Mis dedos conocen los recovecos de tu espejo. Soy la sombra que se desliza mientras te alisas el cabello. No tengas miedo. Yo también aprendí a leer a Emily Dickinson en voz baja y a no cerrar los ojos de la noche.
En algún lugar existe una esquina, una puerta que espera el golpe de tu puño. Ven y dile adiós al frío, a tus mejillas color de tarde adolorida.
Ven, deja de morder tu muñeca de niña. Te enseñaré de nuevo a cazar mariposas y haré que nazcan alas de tus labios olvidados.

A.F.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Seis cuerdas para un siglo

Ella lo había amado. ¡Lo supo –ahí- en aquel parco anochecer de mayo! Fue cuando él acariciaba –remiso- aquellas cuerdas con delicada avidez. De inmediato dejaba de ser y entonces era su música. Ella vagaba –urgida y ligera- entre las ventanas del tren de Las Fresas. Ceremoniosos saludos de los sauces escapaban de su mano sobre el vidrio húmedo de soles. El trémolo era entonces sus labios. Después, a ella el aire –breve, escaso- se le suspendía de las cornisas. Era entonces cuando su estampa se menguaba –de a poco- justo antes de doblar la esquina. Y se llevaba por largo rato la chispa de la luna. Y los agitados molinos rotos. Y era casi un siglo nomás.

A.F.

domingo, 9 de octubre de 2011

Se busca cuaima de buena presencia

Cuando digo cuaima, no pienso en esa serpiente ágil y venenosa, negra por el dorso, a la que tanto se le teme en Venezuela. Me imagino, en cambio, a una hembra perfecta en dimensiones, capaz de manejarse hábilmente en relaciones peligrosas y con el suficiente espíritu para asumir el adios, antes de que la rutina y el aburrimiento pasen su costosa factura.

Busco a una cuaima que me acompañe a mil kilómetros por hora en el vasto territorio de la imaginación. Que no se detenga a la puerta de lo desconocido. Que se adapte a mi forma animal. Que busque siempre la verdad y que le tema al discurso de las catedrales y de los políticos. Que escape presurosa de las frases hechas y de las doctrinas.

La prefiero salvaje, conocedora del secreto del vino y de los recovecos de la noche. Que tenga mucho kilometraje por esos mundos del pecado.

Tiene que ser inevitablemente morena y tener un corazón construido de locura y alegría.

Tiene que saber hablar con el mar y entenderse con las tempestades de mi piel.

Esta cuaima que pinto no es triste, pero sabe llorar como un río cuando se traiciona a la nobleza o se le rompen los sueños a los niños.

Esta cuaima tan especial, se arrima a las gentes sencillas, escoge las cosas más simples de la vida, y su risa liviana y transparente vuela con los pájaros. No soporta la soberbia de los poderosos ni la hipocresía de quienes se dan golpes de pecho.

Esta cuaima, esta mujer, es un ser extraño y escaso. Un ejemplar en extinción quizás, pero vale la pena buscarla para entregarle por un rato mis insomnios. Si llega a mi puerta, colocaré en mi mesa una botella de vino francés o italiano, le cantaré alguna canción de Serrat y dispararé fuegos artificiales. Puede que entonces ocurra una guerra animal.

Después la contemplaré desnuda hasta el amanecer, borracho de su belleza. Entonces, un rayo de sol la vestirá y el camino será de nuevo suyo. Porque una cuaima así, una hembra, una mujer de este calibre, no es para domesticarla en casa.

A.F.

viernes, 7 de octubre de 2011

Por un instante, la vida

(Dedico este texto a mi Ximena, amor total)

Hoy es un día hermoso. Hoy ríe desde mi boca el universo. Y pienso incluso que los Unicornios existen. Y por tanto existe la utopía. Y hay sueños como panes para llevar al horno. Si todos los días fuesen así, decidiría vivir un poco más. Coquetearía con las horas como si fuesen hembras en celo. Danzaría un ritual de cuchillos a punta de cintura. Esta imagen resume la vida. Mi vida. Ese celaje del acero que roza mis arterias y sigue hacia el vacío excita mi espíritu y me hace relámpago vital.

Del nacimiento a la muerte hay dos eternidades. A las dos las ahuyento con este sol mío que hoy llevo por antorcha. Hoy soy un insurgente del latido. Un soldado de la imaginación. Podría saltar de un rascacielos sin herirme. Enfrentar fusiles humeantes con la sorna del que se sabe Dios. Hacer el amor con Afrodita. Pastorear en vuelo una manada de elefantes. Acelerar mi moto en la vía láctea. Arrancarle los clavos a Cristo para quemar la cruz y su fardo milenario de sufrimientos. Quiero romper con mi sílex el alba para liberar cascadas de amaneceres y que corra libre la vida como las aguas.

Hoy guardo el látigo de la lengua y envaino la espada con la que suelo herir la página en blanco. Hoy, por un instante quizás, tuve la visión sincrónica del universo. Percibí su maquinaria exacta en su infinitud. Entendí fugazmente la armonía de la que soy parte. Y cada átomo mío, lo vi repetido en el cosmos, engranado a la vida. Me sentí una pieza infalible de la totalidad. Y todo este milagro fue posible sólo porque detuve el pensamiento un instante, y dejé que el niño que me habita, inmaculado aún, mirara por los míos con sus ojos sublimes.

A.F.

lunes, 3 de octubre de 2011

Por esa pena, mamá

Una mañana, en aquel pueblo que lava su costado sobre el Orinoco, mi madre me despertó un tanto animada. Con unos ahorritos que había acumulado bolivita a bolivita, me iba a comprar mi traje de primera comunión, a pesar de lo escépticos que éramos en casa respecto a la religión. El traje iba a ser oscuro, quizás para que desde niño sintiera la urgencia de vestirme como un caballero. Buscaríamos además una camisa blanca y una corbatica negra de quita y pon y unos zapatos negros de charol.

Inflamado con su ímpetu, yo la acompañé feliz, como si ese traje nuevo me fuera a abrir una ventana insospechada sobre un paisaje imaginario donde todo era posible. Sí mamá, a pesar de la pobreza, ese ajuar de caballerito, me empujará a ser un abogado respetable, un gran político o el sueño mayor: un gran músico. Un músico mundial mamá. Sí mamá, encarnaré tu sueño sólo para que no sientas esa tristeza secular. No soporto sentir esa tristeza que tú sientes.

El traje que íbamos a comprar tenía que ser bueno, barato y holgado para que no me quedara chico demasiado pronto. Además, poco vistoso, para que la gente no se diera cuenta de que era el único.

Ya con la bolsa de la compra en la mano, salimos de la tienducha de nuestro barrio para ir a casa. Entonces mi madre me dio un tirón de la mano y me señaló con un gesto a un personaje que avanzaba entre el gentío alegre de esa mañana. Era un hombre alto, delgado, de mirada airosa encubierta, que yo interpreté como un elegante desdén. Vestía de gris oscuro, largos zapatos de gamuza y corbata rojo sangre. Colocados como al descuido sobre su frente relucían unos anteojos Ray Ban de moda.

Pasó junto a nosotros, casi rozándome, aquel aparecido citadino. Y al mirarlo sentí que dentro de mí se abría un enorme agujero por el que mi cuerpo quería escapar para incorporarse al cuerpo de esa visión. Ser parte suya aunque no fuera más que su sombra, o descuartizarlo en pedacitos para apropiarme de su porte, color, seguridad para mirarlo todo sin miedo, no sólo porque lo tenía todo sino porque era el todo. Yo en cambio no era nadie, o eso al menos era lo que había aprendido de la tenaz tristeza que gravitaba sobre mi casa.

Lo vimos entrar al banco y con un suspiro de mi madre seguimos caminando, porque no podíamos quedarnos allí, lelos, que era lo que nos apetecía. Después supimos que se trataba del hijo de un empresario y hacendado, que acababa de regresar de Europa. Mamá suspiró de nuevo al saberlo. Si sólo lo conociéramos, él podría colocarme en pocos años en alguno de sus engranajes de negocios y yo tendría el futuro que no tuvieron ellos. Pero no sólo por eso suspiró mamá. Suspiró también por la nostalgia incurable de su mirada dolorida que comenzaba a dolerme incurablemente a mí. Mi madre suspiró por el temor de lo inasible, de una idea fantástica, abstracta. Por la pena y sufrimiento que causa lo inalcanzable. Por la humillación que produce saberse incapaz de alcanzarlo. Por esa pena suspiró mi madre esa mañana. Por esa pena y el torbellino de penas que se tramaban en su destino para los próximos 50 años.

A.F.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Palabras para la vida

En esta tarde apaleada por cielos encapotados es buen momento para quedarse en silencio y dejar que los dedos escriban palabras a su arbitrio. Sin la impostura de la razón o de la memoria, sin el discurrir del pensamiento. Sin los artificios del intelecto, tan volátil y fugaz. Tan artero en sus estructuras aprendidas, por el desandar de caminos oscuros o torcidos o reales, pero siempre insondables…

Palabras que permitan construir una escalera de leños agrietados para subir al cielo y ¡eh Dios! ¿Estás allí? Palabras pregoneras que señalen con el dedo a todos los alados, Ícaros, Mariposas, Águilas, Ángeles, ellos que no tendrán nunca que inclinar la cabeza ¿cuánto por enseñarnos?

Decir reverdecer, resurrección, alegría, espacio, vuelo, libertad. Alargar las piernas sobre el abismo para rozar el amor sin mirar abajo, evadiendo las trampas del suelo… Darse la vuelta desde la muerte hacia el amanecer surgente. Respirar, soñar, vivir… atenazado el poema.

Enterrar las palabras inservibles, sombra, olvido, muerte, en el tragaluz de la noche. Olvidar el significado del tiempo. Dejarse fluir. Correr detrás de los caballos, las mujeres y los niños. Salvarlos. Construirles un espejismo con ventanas y faroles en un trozo de noche.

Mis manos van entendiendo que las palabras son el cimiento de todas las cosas. Sus combinaciones la vida. Su desmoronamiento la muerte. Ellas tienen sus normas propias y su música y su ritmo. Sólo hay que dejarlas salir, acunarlas como a niñas y cantarles. Y ellas te devuelven la vida sin pedir nada a cambio.

Hay que parir palabras como tierra, semilla, raíz. Como lluvia, sol y rocío para restañar los dolores y las ausencias. Dejar que corran hacia ti con su faz luminosa y te ciñan mientras cierras los ojos y te dejas llevar por esa estampida de palabras vivas, palpitantes, buenas…

Coloca junto a tu almohada, la palabra infinito, la palabra metáfora, la palabra insaciable, la palabra susurro. Deja que se metan en tus sueños como águilas o gaviotas. Que vuelen hacia el mar con alas fulgurantes, es la vida que pasa. Es la vida que viene.

Despliega la palabra ladrillo y construye primaveras y amaneceres. Construye risas y caricias, que resistan el fuego, la noche, las tormentas. Haz más ladrillos para la calidez y el hogar. Construye y construye más ladrillos hasta que tus manos sean arcilla. Hasta que te consuma el último rayo de sol. Y aún después, construye…

A.F.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Pirata

Sueño o más que sueño imagino un gran barco pirata en altamar.

Un barco extraño de una sola vela y sin timón.

Sobre ese barco que viene de los tiempos y no busca rutas voy de capitán y marinero. Íngrimo entre olas y amaneceres aferrado a una brújula dañada sobre el sur.

No hay otro hombre a bordo de mi barco cargado de viejos romances y de historias de abordajes.

Todo lo dejé atrás. Todo. Para habitar aquí en una marea de horizontes y enfrentar monstruos o demonios que no hablan ni hieren, pero me acosan desde sus miradas extraviadas más allá de la sin razón.

A veces toman forma de tigres o leones con grilletes al cuello. Reman como esclavos contra un mar que devora los remos, y trata de abarcarnos entre sus saladas mandíbulas de Dios embrutecido.

Otras, son aves agoreras negras como la noche que trazan su danza de la muerte sobre este capitán que ya no manda.

Yo los reto a atacar porque mi desprecio reina sobre el mar y la vida.

Pero escapan al escuchar mi aullido en el viento contra los mástiles y ver mis brazos en cruz contra la brisa como una vela humana.

Y transido así, sobre la proa intacta, dibujo abstractos mapas para un retorno dulce hacia el puerto de los imposibles.

Este barco extraviado a la deriva es mi tierra, mi patria y mi bandera.

Tiene sobre cubierta las huellas de amores pasados y en sus cañones oxidados hay acordes de guitarras, brindis con vino a cielo abierto y camaradas de torso desnudo, que sólo hablan de muerte y no de vida.

Este es el sueño en el que quise entrar rompiendo mi voluntad. Aquí navegan todos mis amores perdidos.

Y nunca despierto de este sueño y nunca duermo.

Pero por grande que sea esta desesperación ninguna ausencia es más honda que la tuya. Tú, mi puerto, mi brújula, mi luz y mi agonía.

A.F.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Palabras desencadenadas

El difunto de hoy será olvidado mañana y del amor que arde hoy en llamaradas sólo quedarán cenizas mañana. El tiempo vive de hurtos. Es un tesoro breve y sería un desperdicio no invertirlo íntegro en amar.

No llamen a mi puerta, entonces. No interrumpan mis silencios, que tengo levantado el canto hacia adentro. Tengo cerrados para el mundo de hoy cuerpo y espíritu. Pero lleno mi casa para ella, de estrellas, de flores y de pájaros, antes de partir sin sueños de eternidad.

Quiero vivir este día por sus cuatro costados. Vivir hoy antes de arrancar la hoja del almanaque. No importa que el día lleve el nombre de un santo. Es mi día y todo comienza hoy. Incluso el inicio de los siglos de los siglos. Hoy no voy a mirar atrás hacia lo que no existe. Ni hacia mañana que es sólo una promesa en la niebla.

Importa comer hoy, beber una copa de vino. Tomarse de la mano. Regalar unas flores. Amar hoy y decir la palabra que había silenciado. Después, tratar de llegar a mañana. Y si mañana llegase la muerte, no importa porque habría vivido con el sol pleno de hoy.

Disfruto hoy hasta las piedras. Cabalgo sobre potros de fuego contra el viento que intenta sofocarlos. Renazco en plenitud con la mañana luminosa. Tengo la secreta palpitación de la belleza de este instante. Las olas nacen y mueren en el mismo minuto. Y no me hablen de esperanza. Sólo es una palabra ramera como tantas. A su lado siempre hay una guadaña afilada.

Algún día o mañana, mi rostro, como las fuentes, huirá bajo la tierra o caminará sobre la noche como el humo de los altares. Mañana olvidaré mi hora, mi misterio. Me vencerá la muerte, pero hoy, estas manos pueden herir algunos versos y esta piel puede mezclarse con la de ella, sin promesas de futuro.

Y cuando no sea nada, siempre tendré el secreto del vértigo: una centella en la tormenta, rayando el instante o un eco sordo que se pierde en la nada. Es útil saber que vivir es sólo curvarse hacia la muerte.

Y tú, si sabes escuchar el silencio, quédate conmigo mujer desnuda, y espera que llegue la oscuridad a mis ojos. Y no intentes descifrarlos. Sería en vano. Mientras, déjate llevar por mi fuego y mi derroche nítido de estas horas que preceden al nuevo día; y ayúdame a escribir un poema claro, sombrío, sabio, ingenuo. Y no me llames extravagante.

A.F.